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Reseña Consciente: El Quinto Elemento

El quinto elemento suele recordarse como una película de ciencia ficción extravagante, visualmente excesiva y colorida. Y lo es. Pero precisamente ahí está una de sus primeras claves. En contraposición a gran parte del cine futurista, que insiste en mostrarnos futuros grises, fríos, asépticos y emocionalmente deprimidos, esta película opta por el exceso, el color, el ruido, la mezcla y el caos… ¿Y por qué no? Las risas. No presenta un futuro limpio ni elevado, sino un mundo saturado, exagerado, profundamente humano en sus contradicciones.

Desde Un Curso de Milagros, esta elección estética no es menor. El mundo no es el problema por ser colorido o caótico, sino por el sistema de pensamiento desde el que se mira. Y El quinto elemento no se avergüenza de mostrar ese mundo tal como es: absurdo, violento, cómico y, al mismo tiempo, lleno de vida.

Bajo esa capa aparentemente ligera, la película esconde una estructura simbólica muy clara. No estamos ante una lucha clásica entre el bien y el mal, sino ante algo mucho más cercano a lo que plantea el Curso: el enfrentamiento entre la creencia en la separación y el recuerdo del Amor como principio unificador.

El Mal Absoluto y el ego

La gran esfera oscura que avanza devorándolo todo no dialoga ni necesita justificarse. No razona, no crea, no ama. Simplemente eclipsa el amor a aquellos que deciden «engordarla» mediante la reacción y oposición violenta hacia su presencia (crece cuando le disparan, etc…). Desde la perspectiva de UCDM, podemos verlo como que no representa un enemigo real, sino uno que hacemos más y más real cuando en nuestra mente reforzamos a través de la defensa la idea de que la vida es hostil y de que la separación es verdadera.

El Curso insiste en que el ego no es una fuerza poderosa, sino una idea equivocada que parece sólida mientras se la cree. El Mal Absoluto funciona de la misma manera. No se le derrota con armas más grandes ni con estrategias más sofisticadas. De hecho, cualquier intento de combatirlo desde su mismo lenguaje está condenado al fracaso.

Los cuatro elementos y las soluciones del mundo

Tierra, Agua, Aire y Fuego representan los recursos del mundo… Todo está perfectamente organizado, en aparente armonía, ya que las piezas encajan, pero por estos cuatro elementos no tienen ningún sentido ni propósito por sí mismos. Por eso cuando los abren para intentar vencer al mal el arma parece estar completa, pero no funciona.

El mundo no corrige la mente. Ninguna solución externa puede sanar una causa interna. Puedes hacerlo todo “bien” y seguir sin activar «el disparador» que protege al Hijo de Dios, aquello que realmente transforma: el Amor sin condiciones.

Leeloo y la pérdida de fe

Leeloo no es un arma, es un ser vivo. Aprende rápido, observa con curiosidad y también con ingenuidad. Cuando accede a la historia de la humanidad y se enfrenta a la violencia, la guerra y la destrucción, pierde la fe. Y en ese momento, el quinto elemento (amor) queda inutilizado. No porque no tenga poder para vencer todo eso, sino porque se respeta la decisión que hemos tomado de no aceptarlo.

Desde el Curso esto es muy claro: el Amor no te saca del dolor cuando la mente sigue convencida de la culpa. No porque el Amor sea frágil, sino porque no puede imponerse. Mientras se siga creyendo que el ataque es real y justificable, el Amor espera pacientemente a que lo elijamos.

Korben Dallas: funcionar en el mundo sin esperanza

Korben no es un héroe espiritual ni un salvador iluminado. Está cansado, desconfiado, vive a la defensiva y hace lo justo para sobrevivir. Representa muy bien al hijo de Dios que se ha identificado con el ego: alguien que sigue funcionando, pero que ha perdido la esperanza real.

Su papel no es salvar el mundo mediante acciones heroicas, sino recordar el Amor cuando es requerido. No convence a Leeloo con discursos elevados ni con grandes ideas, sino con un gesto sencillo y honesto. En términos del Curso, no enseña amor: lo extiende.

El sacerdote, el ayudante y el reportero

El sacerdote guarda la tradición, el conocimiento, las escrituras. Representa la memoria espiritual que sabe que existe otra forma de ver, pero que por sí sola no puede activar la experiencia. Saber no es lo mismo que elegir.

Su ayudante, torpe, asustado y poco preparado, encarna a quien se pone al servicio sin entender del todo, con miedo, pero con cierta disposición. No destaca por su claridad, sino por su disponibilidad. Y eso es clave.

El reportero extravagante y desbordado, lejos de ser un simple alivio cómico, cumple una función interesante: exagera, grita, dramatiza, quiere verlo todo y contarlo todo. Es el ego en versión caricaturesca, el deseo compulsivo de dar significado, de narrar, de convertir la experiencia en espectáculo. De exagerar para conservar las creencias contagiándolas a otros. Y, aun así, también está ahí cuando hace falta, dispuesto a ver de otra manera.

La elección final

El quinto elemento no propone una guerra contra el mal, sino una elección interior. No se trata de destruir nada, sino de recordar qué es real y qué no lo es. El Amor no vence al miedo luchando contra él; lo deshace cuando dejamos de «engordarlo» dándole poder.

Vista desde Un Curso de Milagros, la película recuerda que la salvación no llega desde fuera ni a través de sistemas complejos, sino cuando la mente deja de justificarse en el miedo y permite que el Amor vuelva a ocupar su lugar.

Una película que, sin proponérselo, formula una de las ideas centrales del Curso: cuando el Amor se recuerda, la anti-vida simplemente pierde su función.

Nos vemos en la próxima.

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