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Don’t Look Up: Reseña Consciente

Don’t Look Up: el verdadero meteorito es renunciar al discernimiento

Hay películas que envejecen con el paso del tiempo y otras que parecen volverse cada vez más actuales. Don’t Look Up pertenece a esta segunda categoría.

Aunque su argumento gira en torno a un cometa que amenaza con destruir la Tierra, reducir la película a una sátira política sería quedarse en la superficie. El meteorito no es el verdadero protagonista de la historia. Lo realmente inquietante (y verídico, desgraciadamente) es observar cómo una sociedad entera es capaz de ignorar una realidad evidente cuando intereses políticos, económicos y mediáticos consiguen controlar el relato.

La película muestra con crudeza cómo la información deja de tener valor cuando lo importante pasa a ser captar nuestra atención, alimentar la polarización o mantener intactas determinadas cuotas de poder. Los mensajes cambian según conviene, los medios convierten cualquier tragedia en espectáculo y los políticos toman decisiones pensando en su beneficio antes que en el bien común.

¿Por qué resulta tan fácil manipular a la población?

La manipulación siempre ha existido y probablemente siempre existirá, mientras la mente prefiera delegar la propia responsabilidad en otros en un burdo intento de deshacerse de la culpa. La diferencia la marca nuestra capacidad para discernir. Cuando dejamos que otros piensen por nosotros, cuando aceptamos sin cuestionar lo que vemos en una pantalla o lo que dice una autoridad, vamos perdiendo poco a poco el contacto con nuestra referencia interna.

Y ese es el auténtico peligro.

El meteorito puede representar muchas cosas: una crisis económica, una mentira colectiva, una verdad oculta, una transformación social o cualquier situación que ponga a prueba nuestra capacidad para ver con claridad. Lo decisivo no es el meteorito, sino nuestra respuesta ante él.

Vivimos en una época en la que recibimos miles de impactos informativos cada día. Nunca habíamos tenido tanto acceso a la información y, sin embargo, pocas veces había sido tan difícil distinguir lo verdadero de lo falso. Entre titulares, algoritmos, entretenimiento constante y discursos enfrentados, corremos el riesgo de olvidar algo esencial: nadie puede sustituir nuestro propio discernimiento.

Desde una perspectiva metafísica, esta reflexión adquiere todavía más profundidad. No sólo entregamos nuestro poder cuando creemos cualquier relato externo, sino cuando olvidamos quiénes somos realmente. Mientras buscamos desesperadamente fuera la respuesta correcta, dejamos de escuchar esa parte de nosotros que reconoce la verdad sin necesidad de que nadie se la imponga.

Por eso os voy a resumir el mensaje de esta película con una idea muy sencilla:

Recordar quién eres es dejar de entregar el poder de tu mente a los demás.

Quizá esa sea la verdadera invitación de Don’t Look Up. No mirar hacia otro lado. No delegar nuestra capacidad de pensar. No permitir que otros decidan qué debemos creer. Recuperar la responsabilidad sobre nuestra propia mente.

Porque quien recupera su discernimiento deja de ser fácil de manipular.

Y ese sí puede ser el comienzo de un auténtico despertar.

Nos vemos en la próxima.

Irene Balsalobre

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