Hay películas que no sólo cuentan una historia, sino que te obligan a recorrerla junto a sus personajes. Incendies es una de ellas.
Lo que más me ha impactado, además de uno de los giros finales más brutales que he visto en el cine, ha sido la forma en que la madre conduce a sus hijos hacia la verdad. Ella podría haberles contado toda la historia desde el principio. Sin embargo, decide dejarles unas cartas y un camino que recorrer. Me recuerda al proceso del perdón de la mano del Espíritu, el cual tiene que ser paso a paso debido a la enorme culpa que arrastramos. Y es que hay cosas que no pueden asimilarse de golpe, sino poco a poco, poniéndonos en la piel de la madre y recorriendo con ella todo lo que vivió, para poder empatizar y comprender el escenario en el que se desarrolló su vida.
Durante buena parte de la película, el hijo vive atrapado en el resentimiento. Juzga a su madre, no entiende sus decisiones y no tiene ninguna empatía hacia ella. Pero, paso a paso, cada descubrimiento va desmontando sus certezas. Los hechos de su historia con su madre siguen siendo los mismos; lo que cambia es su percepción. La hija parece juzgarla menos, quizá por intuir desde su lado femenino que la vida de la madre no había sido fácil.
Todo esto me hizo pensar en algo que ocurre también en nuestro propio proceso de sanación espiritual. Muchas veces queremos respuestas inmediatas. Queremos comprenderlo todo de golpe y entregar creencias y patrones, sin apenas mirarlos de frente. Pero la comprensión profunda rara vez llega así. Necesita un recorrido, experiencias, preguntas y, sobre todo, la disposición a mirar más allá de nuestras primeras conclusiones.
La película también muestra con enorme crudeza cómo el odio y el deseo de venganza de la madre alimentan un ciclo que parece no tener fin. Una herida engendra otra. Un acto de violencia provoca el siguiente. Y llega un momento en que ya nadie recuerda dónde empezó todo; sólo queda un sufrimiento que pasa de unas personas a otras, haciéndose cada vez más profundo.
El mensaje de Incendies no es descubrir un secreto, sino comprender que incluso las verdades más oscuras pueden transformar nuestra forma de mirar. No cambian el pasado, pero sí pueden poner fin al juicio con el que seguimos cargándolo en el presente.
¿La has visto? ¿Qué fue lo que más te hizo reflexionar de esta película?
