El punto de no retorno: cómo Un Curso de Milagros te cambia la vida a pesar de tu ego
Cuando alguien conoce Un Curso de Milagros, y empieza a «empaparse» de él, e incluso empieza a practicar algunas de sus ideas (aunque todavía no lo haya estudiado a fondo), el ego se siente atacado… Es por eso que su reacción hacia el curso, en algunas ocasiones va a ser feroz. Y digo esto de feroz porque se activarán todos sus mecanismos de defensa al sentirse profundamente amenazado. Si nadie te había advertido de esto cuando te hablaron del curso por primera vez, puede que te pille de sorpresa, que te asustes e incluso que quieras alejarte del libro como si de un demonio se tratase… Esto sucede porque habrás escuchado (y creído) la voz del ego, que te gritará fuertemente diciendo que salgas de ahí, que por ahí no es y que «por tu bien» mejor lo dejes.
Es en ese punto cuando, en muchas ocasiones, vas a convocar algunas personas diciéndote que «eso es una secta», «has cambiado… a peor», «no estamos como antes», y tantas cosas que la otra persona echa en falta al ver que tú ya no sirves a los propósitos de la reafirmación personal y del ego, sino a los del Espíritu.
Pero volvamos más atrás
¿Cómo has llegado a esta situación? Básicamente porque, al conocer el curso, no supiste empezar a leerlo sin más. Normalmente, presa de la exaltación, le hablaste de él a otras personas, amigos, familiares… Les contaste lo feliz que estabas de haber descubierto el curso. Tu referencia interna te estaba diciendo «es por ahí» y seguro que hubo una resonancia mental importante, pero claro, no tuviste en cuenta que tu referencia interna (tu capacidad de escuchar al Espíritu Santo) era débil, y que aún tenías mucha identificación con el ego. Y bien… como decía, te dejaste caer en esa exaltación, queriendo convencer a los demás o incluso pretendiendo salvarles hablándoles del curso. Por un lado había una gran identificación en ti -genuina- con respecto a lo que ibas leyendo a cada página que avanzabas y es por eso que todos hemos caído en esta sutil trampa de intentar convencer a todos los que nos rodean, diciéndoles que hemos encontrado «la solución a todos los problemas». Haciéndoles así partícipes de la recién descubierta herramienta espiritual.
Pasado el tiempo, tu ego empieza a asustarse y sentirse amenazado. Él está dispuesto a darte a conocer lo que considera que es «tu nuevo juguete» (una forma de tenerte entretenido para que no lo descubras a él). Pero cuando pasa el tiempo y ve que vas en serio, o que incluso empiezas a ponerlo en práctica en tu día a día… empieza a sentirte profundamente amenazado. Es entonces cuando empiezas a sentir ese miedo, cuando el ego se asusta… Y es ahí cuando saca las armas. Y como el ego ocupa una gran parte de tu mente, vas a empezar a proyectar ahí afuera toda la oscuridad y miedos que no te has permitido mirar. Es por eso que algunos testigos te van a decir que el curso no es una cosa buena para ti… ni para nadie.
Llegados a este punto, como digo, es cuando vas a sentir esa amenaza, que al no estar consciente de tus mecanismos puede que la proyectes sobre el propio curso. Primero probablemente con los testigos, y luego (cuando no has atendido al mensaje que te traen tus mensajeros) puedo que ni tú te quieras acercar al libro. Y es que en algún punto te vas a dar cuenta de que si sigues por ahí… ya nada será como antes. Es posible que pierdas amigos, relaciones… es posible que pierdas interés por muchas cosas que antes te llamaban la atención. Quizá al conocer el curso alguien te dio un mensaje:«esto te va a cambiar la vida». Y tú, dejándote arrastrar por la euforia de liberarte de todos tus problemas, no prestaste suficiente atención a esas palabras. Pero ahora, cuando ya ha pasado el tiempo, empiezas a comprender el alcance de aquella advertencia… Y es que sí, vas a estar más en paz, puede que hasta más feliz, pero esa felicidad proviene, en muchas ocasiones, de ir dejando atrás todo lo falso a lo que te estabas aferrando. Es por eso que ahora te das cuenta de lo que aquel mensaje quería decir en toda su dimensión.
Y es que al principio sólo querías sentir alivio, quitarte de encima unos cuantos problemas, dejar atrás la escasez económica, o los problemas de pareja (si es que la tenías), o quizá liberarte de alguna enfermedad… Simplemente eso. Ahora lo sabes… Sólo querías arreglar lo que considerabas que estaba roto… Pero UCDM no funciona así. Este entrenamiento mental, o lo que es lo mismo, empezar a operar en el mundo conscientemente bajo las leyes de la mente, no es algo que puedas aplicar por parcelas o sólo a determinadas áreas. Cuando el curso entra a tu vida puede que caiga una creencia de la que (creías que) querías librarte, pero no sabías que esa creencia (al igual que un pilar que sostiene un edificio), sostenía además otras cosas. Y quizá ahora ya no estés tan seguro/a de querer liberarte de esas otras cosas. Pero no somos arquitectos, ni ingenieros… Y los pilares irán cayendo (como no puede ser de otra manera), arrasando no sólo con lo que creías que sostenía (la sala de estar vieja y fea), sino también con la cocina que había al lado y de la que tanto presumías.
Total, que llega un momento que empiezas a ver el alcance real de reprogramar tu mente, y es aquí cuando muchos quieren salir corriendo. Pero… spoiler: cuando tú ya sabes lo que sabes, cuando tú ya sabes que hay un Curso que reprograma tus viejas creencias, sabes que hay un método con garantías que han probado muchos y sabes que hay una forma diferente de hacer las cosas, y que aunque te cueste avanzar en el camino te va a llevar a otra parte… ahí ya habrás traspasado el punto de no retorno.
Y no es que no puedas volver atrás, es que en algún punto sabes que no quieres, por mucho que esta idea te asuste.
Pongamos un ejemplo
Imaginemos que sales de tu casa en un paraje seco de Aragón para mudarte a Galicia; es decir de un sitio árido te diriges a uno todo lleno de campos verdes. Además, tienes que ir andando, como si fuera«El Camino de Santiago»… Sabes que es posible que te hagas heridas en los pies, que te canses, que pases frío, calor, hambre, sed… Pero sabes que cuando llegues vas a estar en un sitio verde, con un clima que te encanta, con lluvia, con abundancia de agua de riego para cultivar tu propio huerto, etc… Al principio del viaje, si te cansas o te arrepientes podrías decir: “Me doy la vuelta, no será para tanto, no será tan maravilloso como dicen… me voy a dar la vuelta porque es un viaje largo y difícil que seguro que no me compensa”. En definitiva, puedes autoengañarte porque sabes que va a ser difícil y que no estás con la disposición suficiente para enfrentarte a eso ahora mismo. Acabas de empezar, te puedes dar la vuelta, y a los pocos kilómetros también te puedes volver sin que nada pase ahí afuera. Pero llega un punto en el que tú ya sabes cómo es el aspecto del nuevo paisaje. Llega un punto del camino en el que tú empiezas a ver el verde surgir por todos los rincones, y los riachuelos y empiezas a palpar en tu experiencia todo aquello que soñabas y que te llevó a emprender el camino.
Y claro, ahora ya no puedes darte la vuelta y decir: “No, aquello no lo quiero. Paso de sufrir más por este camino porque lo estoy pasando mal y al llegar no será para tanto”. Porque tú ya has visto que sí es para tanto. Tú ya has conocido gente que sabes que ha superado ciertas cosas, cosas quizás mucho más dolorosas que las que tú has sufrido o vivido. Ya hay gente que lleva muchos años en su proceso y que les está yendo muchísimo mejor. Ya tienes testigos de lo que hay más allá de tu sendero. En definitiva, ya has visto el verdor en el camino.
Entonces, ¿cómo ahora vas a darte la vuelta? Ya no te puedes engañar, porque los hechos, y los nuevos testigos, te están mostrando un anticipo de lo que hay al final. Puedes intentar volverte a casa… O puedes parar y quedarte ahí meses, años… Pero tú ya sabes cuál es el camino, porque lo has visto con tus propios ojos.
Así que ahora te das cuenta de que ya no puedes volver al punto en el que estabas… ¿Ahora qué haces? Te encuentras en esa tesitura que no te deja vivir. No paras de darle vueltas a la cabeza… ¿Qué puedes hacer ahora? Puedes quedarte ahí lamentándote, diciéndote que es que el camino es duro. Nadie dijo que fuera fácil el camino de Un Curso de Milagros. Si alguien te dijo que era fácil es que no lo conocía en toda su magnitud. Ahora muchas ideas dan vueltas en tu cabeza, como si de una centrifugadora se tratase:
“Es que el camino es muy duro»,
«Es que yo no estoy dispuesto/a a soltar esto que valoro»,
«Es que no estoy dispuesto/a a que me digan que esto me sucede porque yo soy responsable de ello»,
«Es que, no estoy dispuesta a dejar cosas que me gustan atrás así porque sí”,
«Es que, es que, es que…»
A cada uno lo que le cuente su ego.
Aún así crees que tienes la opción de volver para atrás, al inicio del camino. Y digo crees porque no es posible volver al punto de partida, puesto que ahora sabes cosas que no sabías, y esa culpa de que no estás haciendo todo lo posible para sanar a nivel espiritual/mental estará ahí, y te la vas a llevar de vuelta a tu casa. Por recapitular, ahora vas a sentir una gran culpa por saber que a lo que te está pasando podrías ponerle solución… añadida al resto de culpas que ya traías de antes. En resumen, estarías peor que al principio.

Así que, no solo vas a tener problemas nuevos (y antiguos), sino que vas a tener problemas y culpa de saber que no estás haciendo lo que podrías hacer para resolverlos. Culpa de saber que valoras más la pequeñez y el sufrimiento que la grandeza y la paz.
Esa es la consecuencia de haber traspasado el punto de no retorno. Si estás en ese punto ahora mismo y te da miedo avanzar, tienes dos opciones:
1- Puedes quedarte donde estás (jugando a que haces cosas espirituales que no te lleven a avanzar realmente), o…
2- Intentar volver al punto inicial, cosa que ya no vas a poder hacer desde la paz por lo que te acabo de explicar: la culpa se te va acumulando.
Ya no puedes ignorar que hay un camino que tú podrías seguir. Tampoco te puedes reafirmar en tu victimismo, pues ahora eres consciente, en algún nivel, de lo que estás haciendo. No puedes decir: “No, es que fíjate qué desgraciado/a soy porque me pasan estas cosas”. En algún punto de tu mente sabes que eso no es así y esa culpa se va a apoderar de ti.
Ya no eres la misma persona de antes, le guste a tu ego o no.
Si te quedas donde estás, haciendo como que haces un trabajo espiritual sin hacerlo, la situación te va a producir gran tensión. Si te vuelves al principio del camino la culpa no te va a dejar estar.
Llegados a este punto me acuerdo siempre del chiste de «las vallas», que algunos en los grupos me habréis escuchado contar:
Eran 2 locos que se intentar escapar de un manicomio, en el cual habían 100 vallas. Cuando llevaban 50 vallas saltadas, le dice uno al otro: «¡estoy muy cansado, vamos a darnos la vuelta y seguimos mañana!«.
Lo peor es que el otro está de acuerdo y se dan la vuelta. Es aquí donde podemos ver lo absurdo de la situación. Y al ver lo absurdo, nos damos cuenta de que puede haber otra manera, tal como diría UCDM.
¿Qué otra opción hay?
Puedes intentar ir hacia tu destino, despacio, a tu ritmo. Te diría que incluso sin practicar el curso, si es que sientes tanta tensión. Pero en este punto sí que puedes hacer otra cosa: estúdialo. Estudia la teoría. Que sería lo mismo que, según el ejemplo que hemos estado revisando, en el punto en el que estuvieses, a mitad de camino (ahí por Aguilar de Campoo) que sacases el mapa. Saca el mapa de la mochila de tu Camino de Santiago particular, de Zaragoza a Santiago. Saca el mapa y estúdialo. Estudia el mapa. Esto te ayudará a calmar a tu ego y permitirá al Espíritu Santo entrar a operar en tu mente. Viendo Él que ahora tu propósito es seguir, no te dejará desamparado.
Es lo más amoroso que te puedo decir que hagas ahora mismo: sacar el mapa y empezar a estudiarlo.
No te muevas de donde estás si no quieres. No te apuntes a grupos de trabajo del curso y ni siquiera vayas a hablar con otros alumnos del Curso. Simplemente saca el mapa. Ve estudiándolo y, conforme vayas comprendiendo cosas, se irá liberando la tensión que ahora sientes.
Ahora llevas ventaja, pues ya sabes que no es un camino fácil. Pero probablemente has llegado a un punto en el que solamente queda seguir adelante, como en el chiste de las 100 vallas. Ya has pasado ese punto. Ya solo queda seguir adelante a un ritmo que te permita que la tensión sea la mínima posible.
Poco a poco las defensas del ego irán cayendo, y podrás hackearlo por la puerta de atrás, sin que se de cuenta.
Y llegará un punto en que puedas empezar a practicar, e incluso en el que te des cuenta de que ya has puesto algunos conceptos en práctica, sin que el ego se haya dado ni cuenta. Y es que sí, estamos de acuerdo en que UCDM es un curso práctico, pero la teoría es necesaria, y cada alumno es un mundo. Si eres de los que te has sentido identificado con este artículo, estudia la teoría. El ego está dispuesto a dejarte estudiarla, siempre que no le suponga una amenaza. Cuando llegue la hora de ponerla en práctica, ya habrás andado otro buen trecho del camino, y tendrás nuevas herramientas con las que hacerle frente.
Cuando llegue ese momento, iremos hablando. Podremos trazar una nueva ruta.
Un abrazo,
Irene Balsalobre

