Las guerreras K-pop: demonios, fama y la guerra por la mente
Antes incluso de verla, vi que alrededor de Las guerreras K-pop circulaban comentarios de todo tipo: que era satánica, que contenía primado negativo, que normalizaba la presencia de demonios o que estaba mostrando abiertamente cómo funciona la industria musical.
Después de verla, creo que la película permite una lectura bastante más interesante que la simple pregunta de si “es buena” o “es mala”. Estoy convencida de que a todo se le puede sacar sustancia, y como estudiante de UCDM mi mente tiende a interpretar las cosas «de otra manera». Y si no lo crees posible siempre puedes leer la reseña de Together, jeje.
Porque sí: aparecen demonios, absorción de energía, masas hipnotizadas, estrellas del pop con aspecto angelical utilizadas como instrumentos y una entidad maligna que espera la oportunidad para hacerse con la humanidad desde un plano invisible.
Pero todo esto también puede entenderse como una representación bastante precisa de determinados mecanismos mentales y espirituales, así como del mundo en el que vivimos, aunque la mayoría de la población no lo vea (están demasiado ocupados en sobrevivir en esta rueda de hámster…). Digamos que, podemos utilizar esta y cualquier película para averiguar qué planes se llevan entre manos las élites, ya que en muchas ocasiones son declaraciones abiertas de cómo funciona el mundo. Sólo hay que tener la mentalidad abierta (UCDM-MM.4.X) y aprender a mirar.
Los demonios no entran por la fuerza
Los Saja Boys no dominan al público mediante la violencia. Lo hacen a través de la fascinación, el deseo, la música, la belleza y la identificación, bien sea con el cuerpo, con cierta estética, la música…
No obligan a nadie a entregarles su energía. Consiguen que las personas se la entreguen voluntariamente.
Esta es probablemente la parte más interesante si queremos relacionar la película con la idea de los arcontes y/o seres del inframundo. Dentro de ciertas corrientes gnósticas y esotéricas, los arcontes son descritos como fuerzas que mantienen a la conciencia atrapada en la ignorancia, la fascinación y el miedo. No necesitan destruir el cuerpo: les basta con mantener la mente distraída, dividida y desconectada de su verdadera naturaleza.
Desde esa perspectiva, los demonios de la película podrían representar cualquier sistema, patrón, pensamiento o deseo que se alimenta de nuestra atención. Tal como estamos aprendiendo en la serie Entes, parásitos del cuerpo energético.
La pregunta no sería entonces: “¿Existen realmente estos demonios?” (ya sabemos que sí), sino:
¿A qué estamos entregando cada día nuestra energía mental, incluso con las acciones más «inocentes» (como escuchar música)?
La industria musical como altar
La película también muestra el espectáculo de masas como una especie de ritual. Miles de personas miran en una misma dirección, repiten las mismas palabras (oraciones o mantras dirigidos a no se sabe muy bien qué, la verdad), proyectan deseo sobre las mismas figuras y entregan su atención a quienes ocupan el escenario. Esto no significa que un concierto sea literalmente una ceremonia satánica. Pero sí permite observar que la atención puesta sobre algo (más si es en masa) tiene mucho poder. En la película, al parecer, se está enfocando la energía hacia «el bien» o hacia «el mal» según el grupo al que se siga. Puede que esto tenga más de cierto que lo que habíamos pensado hasta ahora.
Aquello a lo que prestamos atención crece y se manifiesta magnificado en nuestra experiencia.
Podría interpretarse que la película nos está mostrando, disfrazado de entretenimiento infantil inocente, cómo determinados ídolos son utilizados para influir sobre las masas. Desde una perspectiva más mundana, simplemente mostraría el modo en que idealizamos a ciertas figuras (individuales o colectivas) y después permitimos que condicionen nuestros deseos, nuestra identidad y nuestra percepción del valor.
En ambos casos, el mecanismo es parecido: colocamos fuera de nosotros algo que creemos necesitar (idolatría).
¿Qué es un ídolo? ¿Crees saberlo? Pues los ídolos no se reconocen como tales y nunca se ven como realmente son. Ese es su único poder. Su propósito es turbio, y son a la vez temidos y venerados porque no sabes para qué son, ni para qué se concibieron. UCDM-T.29.VIII.1:1-5
La verdadera grieta está dentro
Sin embargo, el protagonismo de la historia no está en los demonios exteriores, sino en el conflicto interior de Rumi. Ella oculta una parte de sí misma porque cree que, si los demás descubren quién es realmente, dejarán de amarla. Su secreto se convierte en vergüenza, y esa vergüenza es precisamente el punto por el que puede ser manipulada por los seres más oscuros.
Esto encaja profundamente con la visión de Un Curso de Milagros. El ego se sostiene sobre una identidad sombría, culpable y separada. Nos convence de que existe algo imperdonable dentro de nosotros y de que debemos esconderlo para conservar el amor de los demás.
Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado. Piensas que si alguien pudiese ver la verdad acerca de ti sentiría tal repulsión que se alejaría de ti como si de una serpiente venenosa se tratase. Piensas que si la verdad acerca de ti te fuese revelada, te sobrecogería un horror tan grande que te apresurarías de inmediato a quitarte la vida, pues sería imposible seguir viviendo después de haber contemplado semejante atrocidad. UCDM-L.93.1
El problema no es solamente aquello que ella oculta, sino la interpretación que ha hecho sobre eso. Cree que aquello que la hace diferente demuestra que está contaminada. Cree que lleva el mal dentro de sí, y cuanto más intenta combatir y ocultar esa parte, más poder parece adquirir.
Y es que, como siempre que intentamos manipular (en este caso intentando ser aceptados ocultando una parte de nosotros que creemos «odiosa»), la verdad se abre paso. No porque el Plan nos empuje hacia nuestra oscuridad, sino porque se nos invita a cuestionar aquello que juzgamos como «malo» para que tengamos la oportunidad de sanar.
¿Primado negativo o exposición simbólica?
El concepto de primado negativo sostiene que cierta información muestra de manera anticipada símbolos, planes o mecanismos de manipulación para normalizarlos o para obtener una especie de consentimiento inconsciente del espectador. Es una forma de exponer la verdad abiertamente, pero en un tono humorístico o poco creíble con la intención de que el «ciudadano promedio» no crea cierta información cuando le sea mostrada, ya que la asociará con algo inverosímil, como «una película infantil», «una comedia» o «ciencia ficción», entre otros.
Pero tú, que estás leyendo esto, intuyo que no eres el ciudadano promedio. Así que cualquier tipo de «primado negativo» se convierte a tus ojos en una «confesión abierta». Desde esta premisa, la película para ti no está normalizando el mecanismo, sino exponiéndolo ante tus ojos. Y esto es una información muy valiosa, e incluso una garantía de que esto, sin duda, está sucediendo en este mundo.
Gwi-Ma como representación del ego
Gwi-Ma permanece oculto, pero al igual que el ego, se expresa (y se alimenta) a través de las heridas de los personajes. Utiliza aquello que ellos ya creen sobre sí mismos.
Así funciona también el ego. No necesita decirnos abiertamente que somos culpables. Solo necesita susurrarnos una y otra vez aquellos pensamientos que nos intentan convencer de que ya lo somos.
Por eso, la lucha contra Gwi-Ma no puede resolverse únicamente destruyendo monstruos… Mientras la culpa y la vergüenza continúen intactas, seguirá existiendo una puerta por la que esa voz puede entrar.
Lo que escondemos por vergüenza puede ser utilizado para controlarnos. Lo que llevamos a la luz deja de gobernarnos.
Y hasta aquí llega la reseña, la cual daría para análisis de más personajes y conceptos, como para escribir un simposio, jeje. Así que para ampliar más todo lo que esta película nos está mostrando os invito a ver la reseña en Instagram y el vídeo de «Exponiendo la Verdad» en Youtube (más abajo).
Nos vemos en la próxima.
