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Reseña: Defendámonos de los dioses, Salvador Freixedo

DEFENDÁMONOS DE LOS DIOSES: Salvador Freixedo

Este es uno de esos libros que, leído desde la metafísica de Un Curso de Milagros, adquiere para un interés especial.

Freixedo habla de los dioses con minúscula: entidades o inteligencias que, según su planteamiento, han intervenido en la historia humana, inspirando religiones, presentándose bajo distintas apariencias (aunque en realidad pudieran ser el mismo) y ejerciendo una influencia que no tendría precisamente como finalidad nuestro bienestar. Para Freixedo, y seguramente para ti, que lees esto, muchos de los antiguos «dioses» y determinadas manifestaciones modernas pertenecerían a un mismo fenómeno: un engaño más en el mundo del ego.

Y aquí me gustaría hacer una distinción para quienes no lo sepan: Estos dioses no son Dios.

No estamos hablando del Dios del que se habla en Un Curso de Milagros: Dios como Amor perfecto, fuera del tiempo y del espacio, ajeno por completo al sueño de separación y, por tanto, sin ninguna responsabilidad sobre lo que sucede dentro de él.

Si queremos traducir la propuesta de Freixedo a nuestro marco metafísico, podríamos entender esos «dioses», sean lo que sean, como seres o manifestaciones pertenecientes al mismo ámbito de la separación que nosotros, sólo que tienen la ventaja de influir desde fuera de este plano, para poder perpetuar el engaño. Podrán parecer enormemente superiores al ser humano, poseer capacidades que desconocemos (magia barata) o desenvolverse en niveles de experiencia distintos, pero continuarían estando dentro del sueño, no por encima de él.

Y es que uno de los grandes engaños del mundo consiste precisamente en confundir poder o superioridad con verdad, superioridad con divinidad, y esto puede llevarnos a postrarnos ante falsos ídolos y delegar en ellos nuestro poder innato.

Algo puede sobrepasar nuestra comprensión (limitada dentro del personaje) y seguir sin tener absolutamente nada que ver con Dios.

Freixedo cuestiona precisamente la tendencia humana a arrodillarse ante aquello que considera superior y plantea una posibilidad que puede que a muchos no les guste: que algunos de los seres a los que la humanidad llamó dioses quizá nunca fueran dignos de adoración, sino simples demonios sedientos de aquello que tú les puedes entregar: tu poder como Hijo de Dios.

Desde UCDM yo añadiría una pregunta más:

¿Cuántas cosas seguimos llamando “Dios” simplemente porque todavía no hemos aprendido a distinguir lo que pertenece al sueño de Aquello que está más allá de él?

Te leo en comentarios. Nos vemos en la próxima.


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