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Reseña: El fin de la eternidad

El fin de la eternidad, de Isaac Asimov

He terminado El fin de la eternidad, de Isaac Asimov, y me ha gustado mucho.

No solo por la parte de ciencia ficción, viajes temporales, paradojas y control de la realidad, sino por todo lo que se puede leer en los personajes para poder trabajarlo en nosotros: culpa, apego, miedo a equivocarse, necesidad de control, deseo de evitar el sufrimiento y esa característica tan humana de querer corregirlo todo para que nada duela.

La novela plantea un mundo futuro en el que existe una organización llamada la Eternidad, formada por hombres capaces de intervenir en distintas épocas para modificar la realidad. Aparentemente lo hacen para proteger a la humanidad, evitar guerras, reducir daños, impedir catástrofes y “mejorar” el curso de la historia.

Pero ahí aparece la gran pregunta: ¿qué pasa cuando, para evitar los fracasos, también impedimos el triunfo de la propia auto-superación?

Esta ha sido, para mí, la idea más potente de toda la novela. Porque no habla solo del tiempo ni de la humanidad futura. Habla de nosotros. De esa parte de la mente que quiere controlar cada paso, evitar cada caída, anticipar cada pérdida y construir una vida sin riesgo, sin dolor y sin error. Pero una vida sin error también puede convertirse en una vida sin profundidad, sin aprendizaje y sin verdadera transformación.

El protagonista, Harlan, me ha parecido especialmente interesante. Es un personaje rígido, contenido, muy identificado con su función, con su deber y con una especie de frialdad que, en realidad, parece más una defensa que una verdadera ausencia de emoción. Su papel como Ejecutor le separa de los demás, y él parece haber construido una identidad alrededor de esa separación.

Pero poco a poco se va transformando.

Vemos desde el capítulo uno que Harlan no es tan impasible como cree. Hay herida, hay rechazo, hay orgullo, hay deseo, hay culpa, hay necesidad de ser reconocido y también una enorme dificultad para relacionarse sin sentir que puede ser rechazado. En ese sentido, la novela me ha parecido muy potente emocionalmente, porque muestra cómo alguien puede esconderse detrás de una función, una misión o una supuesta superioridad moral para no mirar lo que realmente se está moviendo dentro.

No os cuento mucho más para no hacer spoiler.

El fin de la eternidad me ha parecido una novela sobre el tiempo, sí, pero también sobre la falsa seguridad. Sobre lo que ocurre cuando queremos manipular la realidad para no sentir. Sobre la culpa que se esconde detrás del control. Y sobre la libertad que aparece cuando alguien se atreve a soltar el sistema que le daba identidad.

No diría que es una novela emocional en apariencia, pero precisamente por eso me ha gustado más: porque debajo de toda esa estructura hay una lectura humana y metafísica muy potente.

Para mí, la gran pregunta que deja la novela sería esta:

¿Y si aquello que intentas evitar a toda costa fuera justo lo que permite tu crecimiento espiritual llevándote a alcanzar la paz?

En los próximos días organizaré un visionado conjunto de la película en el canal de telegram de Cine Consciente.

Nos vemos pronto.

Irene

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