Parece que aún no he vuelto del todo.
Y es que hay experiencias que no terminan cuando recoges la maleta, vuelves a casa y respondes los mensajes pendientes. Son acontecimientos en los que, tras finalizar, algo sigue moviéndose por dentro. Algo continúa recolocándose en silencio, como si una parte de la mente necesitara varios días más para comprender lo que realmente ha ocurrido.

Este primer retiro presencial de Ver o no Ser ha sido íntimo. Éramos pocos, y precisamente por eso se abrió un espacio muy cercano y directo. No ha sido un retiro para acumular teoría, ni para lidiar con proyecciones, ni para hablar de espiritualidad desde lo mental. Fue un encuentro para dejarse caer en el grupo y encontrar respuestas a los problemas, patrones e incertidumbres.
Antes de llegar, cada participante había trabajado con unos cuadernillos preparados previamente, con test, preguntas abiertas y espacios de autoindagación. Esto permitió que cada persona pudiera traer al retiro un tema central: aquello que le preocupaba, aquello que se repetía, aquello que en ese momento estaba pidiendo ser traído a la luz de la Verdad.

Y eso fue lo que hicimos.

Cada uno pudo entrar en su propio asunto, observarlo, ponerlo sobre la mesa y, en algunos casos, volver a tratarlo en las últimas sesiones. Esto fue importante, porque no se quedó todo en una primera toma de conciencia (milagro). Ese instante en el que algo se revela y parece que todo se ha entendido no quedó ahí. Pudimos volver, afianzar, mirar desde otro ángulo y atar todos los cabos. Dejando que la información fuera recolocándose en la mente de cada participante. Y es que es importante permitir que esa nueva forma de ver empiece a ocupar el lugar que antes ocupaba la defensa.
Como ya sabéis, las mentes están unidas, así que, como no podía ser de otra forma, cada proceso retroalimentó a los demás. Lo que una persona se atrevía a mirar abría algo en otra. Por lo tanto, debido a lo reducido del grupo nos permitimos ir al grano, sin perdernos demasiado. Se pudieron aclarar conceptos, ordenar ideas, desmontar algunas confusiones entre la teoría y la práctica… y ampliar también mirando hacia otros niveles que Un Curso de Milagros no desarrolla directamente, pero que pueden ayudar a entender mejor ciertos procesos cuando se abordan con cuidado y sin convertirlos en distracción.
Por mi parte, intenté sostener el espacio desde el menor personaje posible.

No siempre es fácil. Cuando acompañas a otros, también aparece la tentación de intervenir demasiado, de querer resolver, de querer decir algo que abra los ojos al retroalimentado… Pero mi intención suele ser otra: dejarme sentir, escuchar, no interponerme y permitir que la guía del Espíritu apareciera.
Así que en los momentos de bucle con alguien, simplemente me dejaba caer en el silencio. Y desde ahí aparecía una nueva idea que podía ayudar a la persona a mirar un poco más allá de su defensa.
Hubo llantos. Hubo risas. Hubo momentos de intensidad, de claridad, de cansancio, de silencio y de mucha humanidad. También hubo naturaleza, comida cuidada, descanso, paseos, conversación y un lugar que estuvo a la altura de una manera muy especial. El centro fue espectacular: el entorno, la comida, la energía del espacio, la sensación de estar rodeados de naturaleza y de poder bajar el ritmo lo suficiente como para escuchar lo que normalmente queda tapado.
No sé cuándo habrá otro retiro presencial. El centro está cubierto para todo el año 2026, así que por ahora no hay una fecha próxima que pueda anunciar.
Hasta que llegue ese momento, seguiremos trabajando, como siempre, para la sanación de nuestro verdadero ser.
Gracias a todas por asistir, por confiar, por la apertura y disposición. Gracias a vuestro trabajo hoy el mundo es un lugar un poquito mejor.
Porque cuando sana uno, sanamos todos.
Nos vemos en la próxima.
